IMAGEN PÚBLICA EN MARKETING POLÍTICO

Lo que debe ser

La imagen política normalmente puede estar relacionada a conceptos como democracia, gobierno o, en su caso, autoridad. La mayoría de los ideales que impulsan a un candidato a competir en la política dependen de grupos, intereses y recursos que están en su entorno, por lo cual nunca están libres de ciertas confrontaciones con quienes no los comparten.

La imagen política es un conjunto de características, capacidades, habilidades, recursos, atributos, estímulos y mensajes apropiados para ser comunicados y que, al ser percibidos de forma positiva, permiten al actor político definir y orientar la PERCEPCIÓN de un público objetivo, así como distinguirse y posicionarse con respecto a sus competidores.

La imagen como tal es una característica que se desarrolla especialmente para cada persona, es decir, que tiene elementos que le son propios, exclusivos y particulares, los cuales definen a un político. Esas capacidades y habilidades son esenciales en cada momento por la competencia las cuales algunas veces requieren de actuar con flexibilidad, timing y obviamente se ponen a prueba ante circunstancias de crisis.

¿Qué se espera?

De esta forma, la imagen política es el resultado de un proceso de promoción, difusión y comunicación, la cual de cierta forma es como la venta de un producto sin embargo el vender cosas intangibles como lo son ideas es un factor más difícil por lo que es necesario crear una imagen con la cual el actor político pueda presentarse ante la ciudadanía proporcionándole la información de quién es y que lo diferencia de los demás oponentes más el plus que les pueda dar a los votantes y esto lo requiere para que sea seleccionado entre las distintas opciones en competencia.

La importancia de que la imagen del político sea perfeccionada es vital para crear una opinión pública; así como que tenga la suficiente coherencia y le de importancia debida al transmitir los mensajes a través de esa imagen, la cual entre sus atributos debe estar la confianza y credibilidad de la ciudadanía.

A los votantes nos gusta pensar que elegimos a un candidato u otro por sus ideas políticas, su capacidad de gobernar y la trayectoria de su partido. Pero lo cierto es que, nos guste o no, su imagen es tan importante como su mensaje político.

¿Qué hace un asesor de imagen?

La asesoría política es una de las ramas más apasionantes de las relaciones públicas. También, cómo no, una de las que generan más desconfianzas, por su capacidad para influir en el resultado de unas elecciones. Para sus detractores, la obsesión por la imagen interfiere en el juego político y lo vuelve superficial.

No obstante, los asesores de imagen defienden que su trabajo no consiste en manipular la realidad, sino en asegurarse de que la apariencia y los gestos de un político reflejan correctamente sus opiniones y su manera de ser. Si el interior y el exterior de un candidato están en consonancia, éste gana credibilidad. En definitiva, no se trata de crear un engaño, ni una pose artificial, sino de ayudarle a comunicarse mejor con los ciudadanos.

El asesor analiza su apariencia física, su personalidad, su entorno familiar, sus hábitos sociales, etc… para detectar cuáles son los puntos positivos a potenciar. Estos puntos clave se comparten con los escritores de discursos. El lenguaje no verbal, el vestuario, la forma de hablar… todo ello se somete a examen. También se analiza si todos estos factores concuerdan con la imagen y los valores del partido al que el político representa.

Hecho esto, empieza la fase de “making”. Literalmente, fabricación de la nueva imagen. El asesor muestra al político vídeos de actos públicos anteriores para señalarle errores y puntos flacos. Posteriormente, ensayan juntos nuevos gestos y actitudes más adecuadas a su mensaje político.

El asesor acompaña al político en todas sus apariciones públicas importantes, especialmente durante la campaña. Supervisa detalles como el vestuario o los colores utilizados en las sesiones de fotos. Pero su misión no es puramente estética: debe tener en cuenta, en cada momento, la situación política del país, los cambios en la opinión pública, los temas que preocupan al electorado, la imagen del resto de candidatos, los resultados de las encuestas, etc…

La imagen del político no permanece estable. Su papel cambia si desempeña un cargo público o está en la oposición, si la situación del país es de bonanza o de crisis, etc… También varía lo que los ciudadanos esperan de él. Su apariencia, su voz y sus gestos (en definitiva, todos los componentes del lenguaje no verbal) deben acomodarse a las nuevas situaciones que atraviesa cualquier político a lo largo de su carrera.

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Escrito por estudiomerca

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